Marcha Blanca
Martín Gómez
Eran las 4 de la tarde del día 6 de Abril del años en curso, en el monumento llamado “La paloma de la paz” ubicado en el norte de la ciudad de Cuernavaca Morelos había una multitud vestida de blanco. Cada vez llegaban mas y mas personas, algunos con carteles otros con mantas. No había una edad predeterminada, viejos, jóvenes y hasta niños llegaban a “la paloma”. Las clases sociales no existían ahí, todos estaban por una causa y eran unos solo.
El escritor y poeta Javier Sicilia había convocado esta reunión que empezaría en la famosa glorieta y terminaría en el primer cuadro de “la ciudad de la eterna primavera” para exigir que pararan de matar personas en este estado. Javier perdió un hijo en días anteriores y es por eso que convocó al pueblo a levantar la voz.
El pueblo respondió sobremanera, la cita fue a las 5 y puntual empezaron a caminar hacia la (ahora removida) glorieta de Emiliano Zapata. Se quedaron a la mitad, Javier Sicilia todavía no llegaba. Eran las 5 de la tarde y el sol pegaba de lleno a todos los asistentes de esta marcha. Con gorras, sombreros, paliacates, bloqueadores y hasta sombrillas se cubrían de asfixiante sol. Una señora de aspecto cansado incluso intentó (en vano) cubrirse con un folleto en el cual explicaban los motivos de la marcha.
Mientras la multitud esperaba, los fotógrafos hacían su trabajo y tomaban fotos desde arriba del puente ubicado justo enfrente de la zona militar. Habrán salido grandes fotos, la reunión de personas cubría toda la calle desde una glorieta hasta la otra cubriendo la calle en su totalidad en el sentido de este a oeste.
Había fotógrafos también entre la gente y unos aprovecharon el momento en que varios niños de la escuela Waldorf tenían en sus manos carteles y con una sonrisa los mostraban a las cámaras. Algunas personas saludaban a sus conocidos y se notaba la impaciencia por comenzar la gran marcha. Unos gritos de una bocina sobre una “combi” anunciaban que en unos minutos daría comienzo esta protesta.
Por fin, el hombre que todos esperaban llegó y avanzo entre un mar de fotógrafos hasta delante de la marcha. Los gritos empezaron: “Javier – Sicilia – Esta es tu familia “ gritaban unas señoras empezaron el grito y se propagó cual bacteria. Sicilia agradeció el gesto levantando el brazo derecho y empezó la marcha.
La “caravana” pasó frente a los boquiabiertos policías de tránsito que estaban deteniendo a los carros. Doblo a la izquierda sobre la calle Emiliano Zapata, algunos conductores quedaron atrapados en sus carros hasta que pasó la marcha entera. Intentaron quejarse inútilmente con el claxon de sus carros. La caravana siguió con gritos (muchas con rimas, otras no tanto), música y poesía hasta llegar a las instalaciones de la 24ava zona Militar y a las instalaciones procuraduría general de justicia. En ambas Javier Sicilia pronunció un discurso que duró unos minutos y siguió adelante con todas las personas a sus espaldas.
Cuernavaca nunca había visto eso, los trabajadores de todas las tiendas a lo largo de la avenida Emiliano Zapata y salieron a las banquetas a ver el inusual evento. “no somos uno, no somos 100, pinche gobierno cuéntanos bien” se escuchaba al unisonó. Un muñeco de trapo parecido a un espantapájaros con la foto del presidente de la república y con un cartel en el pecho que decía “si tomas, no gobiernes” pasó entre el público cargado por un señor con un frondoso bigote.
Mientras avanzaba la marcha, los gritos también iban cambiando. Frente a las instalaciones militares se escuchaba: “Cuernavaca no es cuartel” y cuando se veían oficiales de la policía el grito era “más poesía, menos policía”. Frente a las instalaciones de la “procu” eran diferentes. “esos son, esos son los que chingan la nación”.
Cuando volteabas al suelo veías unas siluetas dibujadas con aerógrafo que simulaban personas muertas y sobre ellas había pintura roja obviamente haciendo alusión a todos los muertos que hay día tras día en la ciudad, en el estado y en el país.
A media marcha, era visible el cansancio de los presentes. Pero no hubo una sola queja, estaban ahí por convicción propia y estaban decididos a llegar al final o así lo expresaban. Una mujer de avanzada edad dijo: “ya no estoy para estos trotes, pero me cae que la causa lo vale” y avanzó con paso firme por “la carolina” (colonia del centro de Cuernavaca).
Al final de la marcha se pudo ver una mujer con zancos vestida de blanco como todos, ondeaba una bandera blanca y tenía escrito en el pecho la palabra “libertad” una sonrisa inundaba su cara y se movía de lado a lado para mantener el equilibrio en los zancos.
La marcha llegó a su destino, el palacio de gobierno de la ciudad de Cuernavaca. Estaba ya un micrófono y una tarima preparada. Javier Sicilia habló frente a los cansados marchistas, el discurso hablo de solidaridad, de combatir la violencia con amor. De los códigos que deben seguir el crimen organizado. De lo sagrado que resulta la ciudadanía y que se tenía que respetar.
No habían llegado todos, la marcha se extendía cual serpiente por las calles de Cuernavaca y muchos solo llegaron a escuchar las palabras finales de la persona responsable de convocar a esta marcha. Muchos utilizaron los puestos vecinos al palacio de gobierno para refrescarse con alguna bebida después de la marcha.
Al final del día, cuando la noche calló Javier Sicilia declaró que se quedaría en un plantón en plaza de armas y daría de plazo hasta el 13 de abril para que el gobierno diera cuentas de los asesinos de su hijo.
Los acontecimientos que desató ese hombre no se olvidarán. La voz del pueblo se alzó, Cuernavaca nunca había visto nada así y se unió para declarar que ya está “hasta la madre” de tanta violencia, de vivir con miedo y de callarse cuando los muertos se acumulan por montones en estas calles que alguna vez fueron turísticas.
Javier Sicilia convocó a una nueva “marcha del silencio” el próximo 7 de mayo pero ahora rumbo a la ciudad de México. Pide que se haga nacional y que todo México se una al grito de “ya estamos hasta la madre” de esta violencia que azota al país.

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